¿Qué siente un poema al ponerlo al fuego?
Lo mismo que una persona al perder su alma.
blanca prisión mata imaginación cajas dentro de cajas cajas al lado de cajas fui estrella libré una batalla no sé si perdí qué hago aquí? pasa el tiempo extraño el campo ya no veo el cielo yo misma me encarcelo cómo escapar? me cuesta pensar sé poco de mí busco mi raíz
Después de una, dos o cinco copas, solo queda la luna y tu ropa. Debo escribir si no quiero morir. Me cuesta rimar. ¿Cuándo vendrás? No existe distracción, es una maldición; te tengo junto a mí cuando decidiste irte de aquí. No puedo olvidarte, borrarte, dejar de pensarte, buscar una distracción para alejarte. ¿Por qué no te vas? ¿Por qué sigues acá? ¿No ves que no tengo nada más para entregar? Los ojos me arden, la habitación da vueltas. Voy a vomitar, ¿te podré sacar? Acostada en el piso no puedo pensar. ¿Cuándo acabarás, noche infernal? Pararé de escribir y tú seguirás aquí. Tu sombra de marfil nunca se despegará de mí.
si me sangra la mano por escribir será más que por solo existir las palabras, las melodías y mi sentir todos fluyen dentro de mí se mezclan con mi elixir carmesí y brotan para llegar hasta ti. si bebo mi sangre del grial solo alargaré el final no seré inmortal pero los ángeles me cantarán del alquitrán me purgarán y limpias mis venas quedarán.
Cantautora de mis penas, si el cielo me redimiera, ¿volverías? ¿Cómo unir lo desarmado? ¿Cómo darte sentido para este amor? Cambiaría todo, ya es tarde. ¡Oh, ángel de mi soledad! ¿Puedes hacerme compañía? Si te busco, ¿responderás? ¿He de arrodillarme? Presa de esta ilusión, me pongo mis propias cadenas. Te quiero libre, mi amor. Y si libremente me eliges, no dudes que te estaré esperando.
¿Cómo va tu día? ¿Qué clases tienes hoy? ¿Vas a ballet? ¿Dormiste bien? ¿Qué te vas a hacer de almorzar? ¿Viste algo que te emocionara? ¿Te puedo ir a visitar? ¿Quieres venir? ¿Cuándo te vas para Minas? ¿Cómo están tus padres? ¿Cómo está tu hermana? ¿Puedo visitar a nuestra hija? ¿Aprendiste una nueva canción en la guitarra? ¿Qué has estado leyendo? ¿En qué has estado pensando? ¿Cómo te sentiste hoy? ¿Estás mejor? ¿Piensas en mí? ¿Qué cosas nuevas han pasado en tu vida? ¿Puedo volver a ser parte de ella?
No sé por qué incluso cuando te has ido te siento más cerca que nunca. Tu amor guarda aún todas mis pequeñas partes. ¿Por qué no las sueltas? No lo hagas, por favor. En los momentos más solitarios solo pienso en ti. He dejado de dormir porque tu fantasma me despierta de los sueños. ¿Cuándo te unirás a mi lado en la cama? Te estoy esperando. Incluso sin buscarte apareces en todas partes. Como si fuera un imán todo me lleva a ti. Si pudieras apagar la conexión, ¿lo harías? Si dejo de sentir esto te perdería. La pena que me paraliza es lo que has dejado tras de ti. También me has dejado a mí. ¿Vendrás algún día a buscarme?
Cuando pienso que he escrito suficiente, que no podría decir más, que he gastado mi sentir sobre ti, me encuentro con que no es así. No es ninguna sorpresa y a nadie le asombraría leer uno, cincuenta o mil poemas más que hablen de mi único amor. Es mi maldición y mi más triste condición que quien no lea mis versos sea la persona a la que van dirigidos. Incluso si supiera cómo parar, no sé si lo haría, quizá espero que los ángeles escuchen mis plegarias, quizá espero que algún día aceptes mis palabras.
No tuvimos la oportunidad de decirnos adiós cuando éramos niñas. Luego de un tiempo, me di cuenta de que no te volvería a ver. Al estar lejos, me burlé de tí, te desprecié y poco a poco empecé a olvidarte. El tiempo siguió, pero la vida terminó el día en el que te perdí. Eras mi confidente, mi héroe, mi ejemplo, y de un momento a otro, te convertiste en una desconocida. Crecí, el mundo corrompió mi mente y mi cuerpo, y aún así, una parte de mí nunca dejó de creer. Esa pequeña luz dentro mío eran las huellas casi nulas que me habías dejado. Estaban los recuerdos, las fotos y nuestras cosas, pero faltabas tú. Hace dos días te volví a ver. Yo era una persona totalmente nueva y tú seguías siendo la misma niña de siempre. Pensé que nunca más te vería, te dije. Siempre estuve aquí, dijiste. Y en ese momento me di cuenta que fui yo la que se alejó. El tiempo que pasé odiándote, en realidad solo era un reflejo del odio que me tenía a mí misma. Acepté que dejé de ver muchas cosas con el pasar de los años. Te prometí que esta vez no me alejaría. Sigo siendo la misma persona, llena de decepción y sufrimiento y tristeza, pero sé que aunque no siempre te vea, estás aquí conmigo. Tú no crecerás nunca y yo seguiré cambiando, pero mientras no nos olvidemos la una de la otra, especialmente yo de tí, creo que estaremos bien.